Materiales de la clase de Camino
Materiales elaborados o seleccionados de diversos medios para trabajar en mi aula
jueves 31 de marzo de 2011
La poca base científica de algunas cosas que se cuentan en colegios/institutos sobre ciencias de la salud
Dada la importancia de este tipo de formación y de que esta sea fiel a los hecho, un equipo de la unidad de gestión del conocimiento del Hospital de Baza decidió estudiar hasta qué punto la información contenida en los libros de texto utilizados en colegios e institutos es acorde a los datos aportados por la medicina basada en la evidencia.
Para ello estudiaron 237 libros utilizados en colegios e institutos de la provincia de Granada entre el 1 de marzo de 2006 y el 1 de junio de 2007 y se quedaron con aquellos que incluían afirmaciones que se podían contrastar con datos, del estilo «fumar produce daños en el aparato respiratorio» y dejaron fuera aquellas que no tienen duda como por ejemplo «el corazón tiene cuatro cámaras» o aquellas del estilo «para vivir juntos en paz debemos respetarnos los unos a los otros».
Con esto, se quedaron con 80 libros escogidos al azar de los 129 que incluían el tipo de afirmaciones que entraban en los criterios citados, quedándose al final con 844 de estas.
Los resultados del estudio, disponible en Are the health messages in schoolbooks based on scientific evidence? A descriptive study, dicen que aunque hay bastante variación según el tema del que trate cada una de las piezas de información estudiadas, como término medio casi un 25 por ciento de los mensajes no están basados en ningún tipo de evidencia que el equipo pudiera localizar.
Del resto, casi un 61 por ciento se basan en algún tipo de estudio que sin embargo no especifica si el nivel de evidencia en el que se basa la respuesta es alta, baja, o media.
Esto deja aproximadamente sólo un 14 por ciento de afirmaciones incluidas en los libros de texto estudiados paras las que se encontró alguna respuesta en la que se especifica el nivel de evidencia de esta.
Pero ojo, que este 14 por ciento incluye también aquellas que presentan un bajo nivel de evidencia.
Igual, como sugieren los autores del estudio, habría que ver la forma de asegurarse de que lo que le cuentan a nuestros hijos sobre su salud en los libros sea mejor escogido
Y no, ninguna de las dos afirmaciones que aparecen al principio de esta anotación están basadas en ningún tipo de evidencia científica, al menos en ninguna que los autores del estudio pudieran identificar.
(Vía La Voz de Galicia).
http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/curiosas-cosas-se-cuentan-colegios-institutos-sobre-salud.html
martes 22 de marzo de 2011
Nuevo texto
Texto expositivo 5: Tsunami
sábado 12 de marzo de 2011
Materiales de sexto
lunes 15 de noviembre de 2010
miércoles 18 de agosto de 2010
Francesco Tonucci para la Nación

La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas"
"Internet lo hace mejor", dice Francesco Tonucci
"Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios", explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!, entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien definió como "un lujo de gobernante".
Dialogó con LA NACION sobre lo que realmente importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo escolar.
Propuso, en primer lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para empezar a dar clase. "No hay que considerar a los adultos como propietarios de la verdad que anuncian desde una tarima", explicó.
Recomendó que "las escuelas sean bellas, con jardines, huertas donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños sobreexigidos".
Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. "¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho", es parte de su decálogo.
De hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre, un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que respeten la voz de los más pequeños.
-La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que hay que "llenar" porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.
-En realidad, los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.
-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.
-El de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.
-Porque propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
-El colegio no debe competir con instrumentos mucho más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.
- En Italia llamamos a este fenómeno "escuelas de tiempo pleno". La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a jugar. Deberíamos defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber.
viernes 6 de agosto de 2010
La función del arte- Eduardo Galeano
"Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!"
La función del educador- de Tiao Rocha (en portugués), utiliza este texto de Eduardo Galeano para definir la función del maestro.
